Nací en la ciudad de Córdoba en 1982, en plena guerra de Malvinas. Soy hija de una trabajadora social y un ingeniero. Mis abuelos vivieron toda su vida en el campo y la mayor parte de mi familia vive en La Carlota.

En el segundo año de la universidad conocí a Marcelo y desde ese momento compartimos nuestra vida cada día... nos mueven los mismos ideales, las luchas, los viajes… y ahora también compartimos ese terremoto de amor que es Caetana, nuestra primera hija.

Mientras estudiaba en la UNC, empecé mi militancia estudiantil, primero en la agrupación Rodolfo Walsh y más tarde en La Marea y el MST, unos meses antes del Argentinazo del 19 y 20 de diciembre del 2001. Más tarde mis compañeros me eligieron como presidenta del Centro de estudiantes de la Escuela de Ciencias de la Información y consejera estudiantil en reiteradas oportunidades de la ECI primero - hoy Facultad de Ciencias de la Comunicación- y de la Facultad de Derecho, después.

Hace más de 10 años que soy docente de nivel secundario en dos escuelas, creo que hay pocas cosas más intensas y enriquecedoras que convivir cotidianamente con adolescentes de entre 14 y 17 años. También soy docente en la universidad, en la cátedra de Introducción a la Comunicación y en el Seminario de Patriarcado y Regímenes Políticos. Hace cuatro años obtuve mi segundo título, el de Profesora Universitaria en Comunicación Social. Y actualmente estoy estudiando la especialización en Educación y Medios Digitales.

Mi compromiso con la defensa de la educación pública va más allá del trabajo cotidiano en las aulas. Por eso, además de ser delegada escolar, soy delegada del departamento Capital en la UEPC y referente de la oposición a la burocracia de la lista celeste que conduce el gremio desde la vuelta a la democracia.

Construyo día a día este proyecto de izquierda renovada, joven, anti sistema y feminista. Porque al igual que miles no me resigno. No soporto las injusticias y estoy convencida de que podemos terminar con ellas. Es incomprensible que el 99% deba vivir en malas condiciones, para que el 1% viva en la abundancia. Todavía nadie ha logrado convencerme de que las cosas no se pueden cambiar. Tengo las ganas intactas y la llegada de mi hija, renueva los motivos y la ilusión de construir el mundo que sueño.