Nací en Córdoba en el año 1978 en plena dictadura militar, unos pocos días después de aquel triste y celebrado mundial.

Crecí en una vieja casona de barrio Alberdi en donde mi vieja hizo grandes esfuerzos para que (y a pesar de sus trabajos precarios) no faltara nada. No sobraba nada tampoco.

Mi niñez y adolescencia fueron atravesados por ese histórico barrio, la primaria en el colegio Roma, luego el Carbó y posteriormente mi querido Hospital Nacional de Clínicas. Sí, siempre “caí” en la escuela pública y agradezco enormemente que así haya sido. Y por supuesto soy hincha de Belgrano pero también de Universitario, club que me cobijo durante años cuando era un voluntarioso pero mediocre jugador de básquet.

Empecé a militar en el MST a los 16 años, estábamos organizando el centro de estudiantes del Carbó en los meses previos a la histórica pueblada que rechazó la reforma “educativa” de Mestre.

Ingresé a estudiar medicina en pleno menemismo y así empecé a acercarme al sueño que desee desde muy pequeño: ser médico. Recuerdo que fueron años de mucho estudio, de militancia y de trabajo también… en esos años marcados por la crisis del 2001, conocí el trabajo precario: trabajé como piletero, remisero, atendí una pollería y trabajé en una estación de servicio para poder seguir estudiando.

La realidad social nos atravesaba cotidianamente, participé de la asamblea barrial de Alberdi que había surgido en 2001, del relevamiento de Barrio Ituzaingó anexo, donde los vecinos organizados empezaron a denunciar el aumento de enfermedades como consecuencia del uso de agrotóxicos. Desde aquel momento no tengo dudas: el glifosato enferma y mata.

Apenas recibido decidí empezar usar mi apellido materno: Vacchiani, en reconocimiento al esfuerzo que hizo mi vieja para que pueda llegar a la universidad. Mis primeras armas como profesional de la salud las hice en Venezuela donde trabajé durante dos años en atención primaria de la salud en zonas rurales.

Al regresar al país continúe trabajando en atención primaria en centros de salud de La Calera, donde conocí a alguien que me cambiaría la vida para siempre, Victoria, mi compañera desde entonces.

En aquel momento empieza mi actividad gremial, cuando soy elegido delegado del hospital por la Unión de Trabajadores de la Salud (UTS). Comienza también mi formación como psiquiatra en el Hospital Neuropsiquiatríco Provincial, en el cual continuo mi trabajo hasta el día de hoy y del cual también fui elegido delegado en el año 2016.

Al año siguiente fui elegido Secretario General de UTS, el gremio de la salud pública de Córdoba.

Vivo en Villa el Diquecito junto a Victoria y nuestros 2 hijos : Octavio mi hijo del corazón, que tiene ocho años y Dante de un año. Como otros candidatos lo hago en un barrio privado, pero en mi caso es privado de asfalto, de gas natural, cloacas y en el cual la recolección de basura se hace dos veces por semana, a lo que se le suma las violentas explosiones de una cantera a escasos 200 metros de casa.

Defender la educación y salud pública, defender el ambiente, defender los derechos laborales, terminar con los privilegios de la casta política y pelear por la transformación social, no son promesas de campaña, son profundas convicciones.

Córdoba es el mundo del revés y como dice Galeano “está patas arriba” y por eso hay que dar vuelta todo.